terça-feira, fevereiro 08, 2011
segunda-feira, janeiro 03, 2011
sábado, setembro 25, 2010
quarta-feira, setembro 22, 2010
Tendência
A palavra desabou homem. Ele todo era origem, sem chuvas. Abeirou seus alicerces e ficou, para ser contemplado. Visto, era quase olho nu. A sua imagem assemelhada a cisco tem astúcia de flash. Ele se abandonou aos pedaços e agora coleciona remendos em terra húmida. Se descobriu tão multiplicado em si, que podia se fazer tão outros e continuar o mesmo. Germinava. Sua aparência a cada dia decanta. Aspecto-broto nutrido a causas. Certas palavras ruminadas fazem odores, até que se apresentem insossas. Nele, restou só uma impressão amarga 3x4 que ele emoldurou. Ontem, era todo completo de ausências. Repetia a palavra de outrora até que ressoasse outra. Ficou constituído. Sorriu, fez-se homem: já sabia produzir artifícios.
Cecília Braga
"Cuando se produce el encuentro de las cosas y el pensamiento, es necesario que la sensación se reproduzca como la garantía o el testimonio de su acuerdo, la sensación de pesadez, cada vez que sopesamos un cuerpo, la de color, cada vez que lo contemplamos, con nuestros órganos del cuerpo que no perciben el presente sin imponerle la conformidadcon el pasado. Todo esto es lo que pedimos para forjarnos una opinión, como una especiedel caos de “paragüas” que nos proteja".
Deluze y Guattari
domingo, setembro 12, 2010
sábado, agosto 14, 2010
Sobre o Amor
Entrevista a J.A. Miller.Por Hanna Waar. En: Psychologies Magazine, octobre 2008, n° 278.
"Amamos a aquel que responde a nuestra pregunta: ¿Quién soy yo?"
"Hijo espiritual" de Jacques Lacan, Jacques-Alain Miller explora a su vez la cuestión del amor que el padre del pensamiento psicoanalítico contemporáneo evocaba en 1973, en uno de sus más famosos seminarios "Aún" en El Seminario, vol XX (Seuil, "Essais", 1999). Es igualmente el fundador de la Escuela de la Causa Freudiana. Ultima obra aparecida Le secret des dieux (Navarin editores, 2005)
"Amamos a la persona que protege, o una imagen narcisista de uno mismo".
El amor se dirige a aquel que, pensamos, conoce nuestra verdad y nos ayuda a encontrarla soportable, explica Jacques-Alain Miller. Mirada de un psicoanalista sobre esta cuestión fundamental.
Hanna Waar : ¿El psicoanálisis enseña algo sobre el amor?
Jacques-Alain Miller: Mucho, pues es una experiencia cuyo resorte es el amor. Se trata de ese amor automático, y a menudo inconsciente, que el analizante dirige al analista, y que se llama la transferencia. Es un amor artificial, pero de la misma estofa que el amor verdadero. Saca a la luz su mecánica: el amor se dirige a aquel que usted piensa que conoce vuestra verdad verdadera. Pero el amor permite imaginar que esta verdad será amable, agradable, mientras que de hecho es muy difícil de soportar.
H W :¿Entonces, qué es verdaderamente amar?
J-A Miller: Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: "¿Quién soy yo?"
H W : ¿Por qué algunos saben amar y otros no?
J-A Miller: Algunos saben provocar el amor en el otro, los serial lovers, si puedo decirlo, hombres y mujeres. Saben qué botones apretar para hacerse amar. Pero ellos no aman necesariamente, juegan más bien al gato y al ratón con sus presas. Para amar, hay que confesar su falta, y reconocer que se necesita al otro, que le falta. Aquellos que creen estar completos solos, o quieren estarlo, no saben amar. Y a veces, lo constatan dolorosamente. Manipulan, tiran de los hilos, pero no conocen del amor ni el riesgo ni las delicias.
H W : "Estar completo solo": solo un hombre puede creer eso…
J-A Miller: ¡Bien dicho! Amar, decía Lacan es dar lo que no se tiene. Lo que quiere decir: amar, es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos, es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo. Para eso, hay que asumir su falta, su "castración", como decía Freud. Y esto, es esencialmente femenino. Solo se ama verdaderamente a partir de una posición femenina. Amar feminiza. Por eso el amor es siempre un poco cómico en un hombre. Pero si se deja intimidar por el ridículo, es que en realidad, no está muy seguro de su virilidad.
H W : ¿Sería más difícil amar para los hombres?
J-A Miller: ¡Oh sí! Incluso un hombre enamorado tiene retornos de orgullo, lo asalta la agresividad contra el objeto de su amor, porque este amor lo pone en una posición de incompletad, de dependencia. Por ello puede desear a mujeres que no ama, para reencontrar la posición viril que él pone en suspenso cuando ama. Freud llama a este principio la "degradación de la vida amorosa" en el hombre: la escisión del amor y del deseo.
H W : ¿Y en las mujeres?
J-A Miller: Es menos habitual. En el caso más frecuente, hay desdoblamiento del partenaire masculino. De un lado, está el amante que las hace gozar y que desean, pero está también el hombre del amor, que está feminizado profundamente castrado. Solo que no es la anatomía la que comanda: hay mujeres que adoptan una posición masculina, incluso las hay cada vez más. Un hombre para el amor, en la casa, y hombres para el goce, que se encuentran en Internet, en la calle, o en el tren…
H W : ¿Por qué cada vez más?
J-A Miller: Los estereotipos socioculturales de la feminidad y de la virilidad están en plena mutación. Los hombres son invitados a alojar sus emociones, a amar, a feminizarse; las mujeres conocen por el contrario un cierto "empuje al hombre": en nombre de la igualdad jurídica, se ven conducidas a repetir "yo también". Al mismo tiempo, los homosexuales reivindican los derechos y los símbolos de los héteros, como el matrimonio y la filiación. De allí que hay una gran inestabilidad de los roles, una fluidez generalizada del teatro del amor, que contrasta con la fijeza de antaño. El amor se vuelve "líquido" constata el sociólogo Zygmunt Bauman[1]. Cada uno es conducido a inventar su propio "estilo de vida", y a asumir su modo de gozar y de amar. Los escenarios tradicionales caen en lento desuso. La presión social para adecuarse a ello no ha desaparecido, pero es baja.
H W : "El amor siempre es recíproco", decía Lacan. ¿Aún es verdadero en el contexto actual? ¿Qué significa eso?
J-A Miller: Se repite esta frase sin comprenderla, o se la comprende de través. No quiere decir que basta con amar a alguien para que él lo ame. Eso sería absurdo. Quiere decir: "Si yo te amo, es que tú eres amable. Soy yo quien ama, pero tú, tú también estas implicado, puesto que hay en ti algo que hace que te ame. Es recíproco porque hay un ir y venir: el amor que tengo por ti es el efecto de retorno de la causa de amor que tú eres para mí. Por lo tanto, algo tú tienes que ver. Mi amor por ti no es solo asunto mío, sino también tuyo. Mi amor dice algo de ti que quizá tú mismo no conozcas." Esto no asegura en absoluto que al amor de uno responderá el amor del otro: cuando eso se produce siempre es del orden del milagro, no se puede calcular por anticipado.
H W : No se encuentra a su cada uno o cada una por azar. ¿Por qué él? ¿Por qué ella?
J-A Miller: Existe lo que Freud llama Liebsbedingung, la condición de amor, la causa del deseo. Es un rasgo particular – o un conjunto de rasgos- que tiene en cada uno una función determinante en la elección amorosa. Esto escapa totalmente a las neurociencias, porque es propio de cada uno, tiene que ver con la historia singular e íntima. Rasgos a veces ínfimos están en juego. Freud, por ejemplo, había señalado como causa del deseo en uno de sus pacientes ¡un brillo de luz en la nariz de una mujer!
H W : Nos es difícil creer en un amor fundado sobre esas naderías.
J-A Miller: La realidad del inconciente supera a la ficción. Usted no tiene idea de todo lo que se funda, en la vida humana, y especialmente en el amor, en bagatelas, cabezas de alfiler, "divinos detalles". Es verdad que es sobretodo en el macho que encontramos tales causas del deseo, que son como fetiches cuya presencia es indispensable para desencadenar el proceso amoroso. Particularidades nimias, que recuerdan al padre, la madre, el hermano, la hermana, tal personaje de la infancia, juegan también su papel en la elección amorosa de las mujeres. Pero la forma femenina del amor es más erotómana que fetichista: quieren ser amadas, y el interés, el amor que se les manifiesta, o que suponen en el otro, es a menudo una condición sine qua non para desencadenar su amor, o al menos su consentimiento. El fenómeno está en la base de la conquista masculina.
H W : ¿Usted no le adjudica ningún papel a los fantasmas?
J-A Miller: En las mujeres, sean conscientes o inconscientes, son determinantes para la posición de goce más que para la elección amorosa. Y es a la inversa para los hombres. Por ejemplo, ocurre que una mujer no pueda obtener el goce – digamos el orgasmo – sino a condición de imaginarse a sí misma durante el acto, siendo golpeada, violada, o siendo otra mujer, o incluso estando en otra parte, ausente.
H W : ¿Y el fantasma masculino?
J-A Miller: Está muy en evidencia en el enamoramiento. El ejemplo clásico, comentado por Lacan, está en la novela de Goethe [2], la súbita pasión del joven Werther por Charlotte, en el momento en que la ve por primera vez, alimentando a un grupo de niños que la rodea. Aquí es la cualidad maternal de la mujer lo que desencadena el amor. Otro ejemplo, tomado de mi práctica, es este: un jefe en la cincuentena recibe candidatas en un puesto de secretaria; una joven mujer de 20 años se presenta; le desencadena inmediatamente su fuego. Se pregunta lo que le pasó, entra en análisis. Allí descubre el desencadenante: encontró en ella rasgos que le evocaban lo que él mismo era a los 20 años, cuando se presentó a su primera solicitud de trabajo, de algún modo se enamoró de sí mismo.
H W : ¡Se tiene la impresión de que somos marionetas!
J-A Miller: No, entre tal hombre y tal mujer, nada está escrito por anticipado, no hay brújula, no hay relación preestablecida. Su encuentro no está programado como el del espermatozoide y el del óvulo; nada que ver tampoco con los genes. Los hombres y las mujeres hablan, viven en un mundo de discurso, es eso lo que es determinante. Las modalidades del amor son ultrasensibles a la cultura ambiente. Cada civilización se distingue por el modo en que estructura su relación entre los sexos. Ahora, ocurre que en occidente, en nuestras sociedades, a la vez liberales mercantiles y jurídicas, lo "múltiple" está en camino de destronar el "uno". El modelo ideal de "gran amor para toda la vida" cede poco a poco el terreno ante el speed dating, el speed living y toda una profusión de escenarios amorosos alternativos, sucesivos, incluso simultáneos.
H W : ¿Y el amor en su duración?, ¿en la eternidad?
J-A Miller: Balzac decía: "Toda pasión que no se crea eterna es repugnante".[3] ¿Pero el vínculo puede mantenerse toda la vida en el registro de la pasión? Cuanto más un hombre se consagra a una sola mujer, más ella tiende a tomar para él una significación maternal: tanto más sublime e intocable cuanto más amada. Son los homosexuales casados lo que desarrollan mejor este culto de la mujer: Aragon canta su amor por Elsa: cuando muere, ¡buen día a los muchachos! Y cuando una mujer se apega a un solo hombre, lo castra. Por lo tanto, el camino es estrecho. El mejor destino del amor conyugal es la amistad, decía en esencia Aristóteles.
H W : El problema, es que los hombres dicen no comprender lo que quieren las mujeres, y las mujeres, lo que los hombres esperan de ellas…
J-A Miller: Sí. Lo que es una objeción a la solución aristotélica, es que el diálogo de un sexo con el otro es imposible, suspiraba Lacan. Los enamorados están de hecho condenados a aprender indefinidamente la lengua del otro, a tientas, buscando las claves, siempre revocables. El amor, es un laberinto de malentendidos cuya salida no existe.
Traductor: Silvia Baudini
Notas
1- Zigmunt Bauman, El amor líquido, de la fragilidad de los lazos entre los hombres.
2- Los sufrimientos del joven Werther de Goethe.
3- Honorato de Balzac en La Comedia humana, vol VI "Estudios de las costumbres: escenas de la vida parisina".
sábado, julho 31, 2010
Singularidade
Poderia ser descrita por Balzac. Palavra-por-palavra: expressão. Os dias passam em espiral e ela se fecha em ciclos. A vida sempre foi esse espelho côncavo diante do qual o ser se esgota em busca da melhor posição subjetiva. O ser inteiro reduzido a ponto-e-vírgula só para depois refazer-se. Tão mais xamânico. Ela escreve como se jogasse runas. Cada caractere sussura segredos. Escrita-oráculo: escreve para responder. Nas noites, sincronicidade tem astúcia de vagalume. Amanhecer pode ser aleatório. Ou quando um homem vislumbra um texto na poeira cósmica. Docemente incompreensível. Como usar braille para orvalhos. Ou costurar nebulosas em esqueletos de corais. Dia um: o homem encontrou no seu peito reverberação de concha.
Toda interrogação cede a ponto de anzol. Silêncio. A palavra, isca.
Cecília Braga
quinta-feira, julho 15, 2010
Bare Skyer Beveger Stjernene, o filme e outras indicações.
Escrito e dirigido por Torun Lian, um filme com o mesmo efeito catarse de Big Fish. Maravilhosamente Denso. Recomendo e Recomendo. Conhecido também como Only Clouds Move the Sky (1998).
Outros filmes que recomendo: Le Premier Jour Du Reste De Ta Vie, o trailer não alcança o filme, e Wellcome, um filme de Philippe Lioret.
Depois, conta se gostou.
quarta-feira, junho 30, 2010
Caramujo-Flor, retirado de um poema do livro Arranjos para Assobio (1982)
Filme de Joel Pizzini, inspirado no livro Gramática Expositiva do Chão (1969) de Manoel de Barros. Apresentado no final da década de 80 e definido por seu diretor como “um projeto estético inacabado, rascunho de sonho, veia aberta, jorro incessante, trecho impresso da utopia”.
Manoel declarou: “Estou certo de que Joel quis falar de minha poesia antes de mim. O filme quis expressar por imagem uma escrita poética. Joel quis dar uma idéia de minha linguagem e não de minha vida. Minha vida não tem nada com jacarés nos trilhos de uma estação, mas a minha linguagem tem. Um jacaré sobre trilhos é tão insólito como renovar as mesmices. Penso que Joel quis mostrar isso. Botou as lesmas lentas e gosmosas dentro de uma casa, mas o lugar das lesmas lentas e gosmosas é subindo pelo muros leprosos das casas. O filme tem muito de minha arte e nada de minha vida. Ainda bem.”
Erik Satie embala a citação final do filme e a palavra ganha aragem.
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A rosa reteve Pedro. E a mão reteve a música como paisagem de água na retina.
Era noite no Bairro do Flamengo. As pensões de estudantes dormiam nas transversais.
Pedro mergulhado em trevas, no quarto, pensa no rouxinol e na bomba atômica.
As coisas mais importantes lhe aconteciam no escuro, como a surpresa de uma flor desabrochada à noite.
Pedro recebe uma brisa no rosto e se olha, inundado de solidão. Se chorasse poderia dormir depois. Prefere andar.
Pedro carrega a beleza como um prédio em ruínas. Desce as escadas e ganha a rua.
Pedro anda tendo temores esquisitos. Por exemplo: que desapareçam os fracos da face da terra e restem apenas pessoas blindadas de sol.
Teme que desapareçam as criaturas roladas dos abismos de Deus, com seus andrajos, com as suas cicatrizes.
(...)
Tudo que há de noturno está entranahdo nas roupas de Pedro. Bebe goles de treva. Liberdade de que evola de ti, no escuro, Pedro! Não percebe.
Cogumelos brotavam de seu ventre, e ocasos. Calangos vinham lamber os seus pés e mascar suas roupas os bois.
Pedro de aproximara das coisas. Para dormir com elas.
(...)
Pedro era um abrro ofegante. Como um fruto peco, deixou sua boca no chã, imóvel, aberta.
Tinha de recostá-la na terra e haurir, das raízes intumecidas, seiva.
Pedro sabia: todo aquele que não bebe água no solo, secará como cana cortada no pé. Ficou deitado.
(...)
Pedro era reconstruído.
Agora Pedro ressurge. vem botando o pescoço para o sol. Despegando-se da escuridão, pesadamente, como um bêbado gordo, e aos pedaços, estraçalhado...
Pedro vem tateando na luz, subindo nas bordas do poço, soltando de suas casca o moliço...Deixa pedaços dele no escuro.
Pedro entra em seu quarto. Está perfeito e pobre. Poderemos sequer fazer uma ideia de que resultará do encontro de um homem com o nojo?
Agora Pedro está dormindo.
Manoel de Barros, Encontro de Pedro com o Nojo.
sexta-feira, junho 18, 2010
Wish
A Espera tem o costume de sentar na beira do dia e fazer movimentos irriquietos com suas pernas longas. Ela vai arando, desacomodando as margens do tempo, até surgir na epiderme do dia um descampado. Nú. Feito as pontas dos dedos descascados em ansiedade. Esperar tem mãos ásperas e lixivia os dias. Desertifica. E povoa. Um clamor profético rouco tem som de aragem: Moséis gagueja repetidamente o nome de Deus enquanto uma folha descobre o outono. E tomba. Ela sabe, por isso, semeia. Mãos suadas cansam a semente até que o imperativo categórico nasça. Deus espalma sua destra na fronte do dia e faz dos dedos arado. Ela contempla. Deus gosta de amanhar pensamentos a ponto de húmus. Esperança é quase esterco. E ela tem um campo de gerânios, ainda em grãos, entre os dedos. Pupilas em lua-cheia e uma saudade densa... Feito teto da Capela Sistina... Feito o cinza anoitecendo o azul de um horizonte alaranjado...Feito a noite que cede aos apelos das estrelas. Feito Van Gogh colorindo Girassóis. As estrelas erguem a noite ao ponto de capela. Milhões de desejos acessos.Velas. Sopras?
Cecília Braga
segunda-feira, maio 31, 2010
sexta-feira, maio 21, 2010
"Fiquei numa sala vazia. E parece que foi Ludvick que ordenou que eu ficasse sozinho. Pois não são os inimigos, mas sim os amigos que condenam o homem à solidão.
Desde então, cada vez com mais frequência, comecei a fugir por este caminho de terra margeado de pequenos campo. Por esse caminho no campo onde uma roseira selvagem cresce sozinha num declive. Lá encontro os últimos fiéis. Há o desertor com seus companheiros. Há um músico errante. E, além do horizonte há uma casa de madeira e dentro dela Vlasta - a pobre serva.
O desertor me chama de rei e jura que posso em qualquer época refugiar-me sob sua guarda. Basta eu ir para junto da roseira selvagem. Ele estará lá para me encontrar.
Como seria simples encontrar a paz num mundo imaginário! Mas sempre tentei viver nos dois mundos ao mesmo tempo, sem abandonar um pelo outro. Não tenho direito de renunciar ao mundo real, embora nele perca tudo. Talvez no fim dos fins basta que eu consiga uma única coisa. A última!
Entregar minha alma, como uma mensagem calara e inteligível ao único indivíduo que a compreenderá e que poderá levá-la adiante. Até lá, não tenho o direito de partir com o desertor em direção ao Danúbio.
Este último homem em quem penso, minha última esperança depois de tantas derrotas, está separado de mim por uma parede, e dorme. Depois de amanhã montará um cavalo. Terá o rosto coberto. Será tratado por rei. Venha, meu pequenino. Sinto-me apaziguado. Eles lhe darão meu título. Vou dormir. Em meu sonho quero vê-lo cavalgando!
... A curiosa convicção de que todo acontecimento que me sucede comporta também um sentido; que ele significa alguma coisa, que a vida, por sua própria aventura, nos fala, nos revela gradualmente um segredo, que se oferece como uma enigma a ser decifrado, que as histórias que vivemos formam ao mesmo tempo a mitologia da nossa vida e que essa detém a chave da verdade e do mistério. É uma ilusão? É possível. É mesmo verossímil, mas não posso reprimir essa necessidade de decifrar continuamente minha própria vida".
A Brincadeira, Milan Kundera.
sexta-feira, abril 30, 2010
Rito
Atrás do horizonte: as invisibilidades. Se a palavra sucumbe no ofício de fazer um arco-íris, fim da aliança. Mas Deus escreve com begônias uma história de sentidos. Nem todas as flores se prestam a este oficio. Escrever é invocação e exorcismo. Cabe ao corpo, essa transubstanciação do barro, ceder. Imerso n'água, procura sua gênesis. E cede...cede...cede. Quando rio transborda, alarga as margens. Tudo que ela vê de si : lama. No altar, um homem ergue suas mãos em gesto eucarístico. No papel, um homem declina sua cabeça em atitude de reverência. Diante de seus olhos a certeza de que ali haverá milagres.Tomai e comei. A palavra pode redimir um homem?
Escuta, ... quando Deus criou o homem...flor de Lótus.
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Cecília Braga
quarta-feira, janeiro 27, 2010
A casa do Homem

Paris — Toda vez que chego a Paris tenho um ritual particular. Depois de dormir algumas horas, dou uma espanada no rodenirterceiromundista e vou até Notre-Dame. Acendo vela, rezo, fico olhando a catedral imensa no coração do Ocidente. Sempre penso em Joana d’Arc, heroína dos meus remotos 12 anos; no caminho de Santiago de Compostela, do qual Notre-Dame é o ponto de partida — e em minha mãe, professora de História que, entre tantas coisas mais, me ensinou essa paixão pelo mundo e pelo tempo.Sempre acontecem coisas quando vou a Notre-Dame. Certa vez, encontrei um conhecido de Porto Alegre que não via pelo menos há 2o anos. Outra, chegando de uma temporada penosa numa Londres congelada e aterrorizada por bombas do IRA, na época da Guerra do Golfo, tropecei numa greve de fome de curdos no jardim em frente. Na mais bonita dessas vezes, eu estava tristíssimo. Há meses não havia sol, ninguém mandava notícias de lugar algum, o dinheiro estava no fim, pessoas que eu considerava amigas tinham sido cruéis e desonestas. Pior que tudo, rondava um sentimento de desorientação. Aquela liberdade e falta de laços tão totais que tornam-se horríveis, e você pode então ir tanto para Botucatu quanto para Java, Budapeste ou Maputo — nada interessa.
Viajante sofre muito: é o preço que se paga por querer ver “como um danado”,feito Pessoa. Eu sentia profunda falta de alguma coisa que não sabia o que era. Sabia só que doía, doía. Sem remédio.Enrolado num capotão da Segunda Guerra, naquela tarde em Notre-Dame rezei, acendi vela, pensei coisas do passado, da fantasia e memória, depois saí a caminhar. Parei numa vitrina cheia de obras do conde Saint-Germain, me perdi pelos bulevares da le dela Cité. Então sentei num banco do Quai de Bourbon, de costas para o Sena, acendi um cigarro e olhei para a casa em frente, no outro lado da rua. Na fachada estragada pelo tempo lia-se numa placa: “II y a toujours quelque choe d’abient qui me tourmente” (Existe sempre alguma coisa ausente que me atormenta) — frase de uma carta escrita por Camilie Claudel a Rodín, em 1886. Daquela casa, dizia aplaca, Camille saíra direto para o hospício, onde permaneceu até a morte. Perdida de amor, de talento e de loucura.Fazia frio, garoava fino sobre o Sena, daquelas garoas tão finas que mal chegam a molhar um cigarro. Copiei a frase numa agenda. E seja lá o que possa significar “ficar bem” dentro desse desconforto inseparável da condição, naquele momento justo e breve — fiquei bem. Tomei um Calvados, entrei numa galeria para ver os desenhos de Egon Schiele enquanto a frase de Camille assentava aos poucos na cabeça. Que algo sempre nos falta — o que chamamos de Deus, o que chamamos de amor, saúde, dinheiro, esperança ou paz. Sentir sede, faz parte. E atormenta.Como a vida é tecelã imprevisível, e ponto dado aqui vezenquando só vai ser arrematado lá na frente.
Três anos depois fui parar em Saint-Nazaire, cidadezinha no estuário do rio Loire, fronteira sul da Bretanha. Lá, escrevi uma novela chamada Bem longe de Marienbad , homenagem mais à canção de Barbara que ao filme de Resnais. Uma tarde saí a caminhar procurando na mente uma epígrafe para o texto. Por “acaso”, fui dar na frente de um centro cultural chamado (oh!) Camille Claudel. Lembrei da agenda antiga, fui remexer papéis. E lá estava aquela frase que eu nem lembrava mais e era, sim, a epígrafe e síntese (quem sabe epitáfio, um dia) não só daquele texto, mas de todos os outros que escrevi até hoje. E do que não escrevi, mas vivi e vivo e viverei.Pego o metrô, vou conferir. Continua lá, a placa na fachada da casa número 1 do Quai de Bourbon, no mesmo lugar. Quando um dia você vier a Paris, procure. E se não vier, para seu próprio bem guarde este recado: alguma coisa sempre faz falta. Guarde sem dor, embora doa, e em segredo.
O Estado de S. Paulo, 3/4/1994, Caio Fernando Abreu.
"O lugar do homem, a "casa do homem"´, é a ausência. Seu hóspede constante, esse estranho familiar: a Angústia. Estamos sempre a meio caminho de lugar nenhum. A meio caminho entre a coisa e a palavra. Entre o gozo e o desejo. A realidade e a fantasia. Entre a morte e a vida. Sempre pelas passagens, atravessando abismos, encruzilhadas, sem porto seguro. Não sabemos de onde viemos, tampouco para onde iremos. O percurso, essa tragédia/trajetória, uma incógnita. (...). Somos, de fato, como aponta Lacan, um ponte "...uma constituição criada e criadora de vazios".
Olga Sá
... 365 dias, um dedo em riste, cálculos cabalísticos, um caminho, 500 bifurcações e tens se perdido... nos dedos teces um moebius, in finito. 7 velas, rosas artificialmente azuis... tu não escutas, mas ela ri. Por dentro, escreves: sejas. Mas em Janeiro o ano teima em carregar rugas.
Cecília Braga
quarta-feira, março 25, 2009
Lazur

Fazia decalques de nuvem em beira d'agua. Bordando o que passa no que dilui. Se a barra da roupa branca deita nos vestígios de areia é por trazer a solidez das solidões das ruínas em pé-de-vento. Quantos restos a mantêm de pé?
Conta a idade do universo em fios de cabelos enquanto enumera o que possui: um corredor de águas vivas. Três sonhos com cavalos marinhos. Doze réstias de sol formigando no mar. Um pedido-eco amarrado em fita vermelho-bonfim-urgente. Uma fé retorcida em figa. Uma alma ingiada de esperas.
O que ela não possui é esse sentimento pelicano no peito. Estende os braços para receber das ondas só o movimento dos ventos no subterrâneo das águas. Equiparar pulsar com pulsar. Na superfície dos olhos venta uma paz cor de desassossego. Tem areia do deserto assentada na íris desde quando. E um relógio de sol dilatado em suas pupilas, é quase certo que sua hora há de chegar. Por iluminâncias.
Cecília Braga
sexta-feira, fevereiro 27, 2009
quinta-feira, janeiro 22, 2009
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A função da arte/1
Diego nao conhecia o mar. O pai, Santiago Kovadloff, levou-o para que descobrisse o mar. Viajaram para o Sul. Ele, o mar, estava do outro lado das dunas altas, esperando.
Quando o menino e o pai enfim alcancaram aquelas alturas de areia, depois de muito caminhar, o mar estava na frente de seus olhos. E foi tanta a imensidao do mar, e tanto seu fulgor, que o menino ficou mudo de beleza.
E quando finalmente conseguiu falar, tremendo, gaguejando, pediu ao pai: — Me ajuda a olhar!
Quando o menino e o pai enfim alcancaram aquelas alturas de areia, depois de muito caminhar, o mar estava na frente de seus olhos. E foi tanta a imensidao do mar, e tanto seu fulgor, que o menino ficou mudo de beleza.
E quando finalmente conseguiu falar, tremendo, gaguejando, pediu ao pai: — Me ajuda a olhar!
noite/1
Nao consigo dormir. Tenho uma mulher atravessada entre minhas
palpebras. Se pudesse, diria a ela que fosse embora; mas tenho uma mulher atravessada em minha garganta.
Nao consigo dormir. Tenho uma mulher atravessada entre minhas
palpebras. Se pudesse, diria a ela que fosse embora; mas tenho uma mulher atravessada em minha garganta.
A noite/2
― Arranque-me, senhora, as roupas e as duvidas. Dispa-me, dispa-me.
― Arranque-me, senhora, as roupas e as duvidas. Dispa-me, dispa-me.
A noite/3Eu adormeco as margens de uma mulher: eu adormeco as margens de um abismo.
Dizem as paredes/2Em Buenos Aires, na ponte da Boca: Todos prometem e ninguem cumpre.
Vote em ninguem.
Em Caracas, em tempos de crise, na entrada de um dos bairros mais
pobres:
Bem-vinda, classe media.
Em Bogota, pertinho da Universidade Nacional:
Deus vive.
Embaixo, com outra letra:
So por milagre.
E tambem em Bogota:
Proletarios de todos os paises, uni-vos!
Embaixo, com outra letra:
(Ultimo aviso.)
Vote em ninguem.
Em Caracas, em tempos de crise, na entrada de um dos bairros mais
pobres:
Bem-vinda, classe media.
Em Bogota, pertinho da Universidade Nacional:
Deus vive.
Embaixo, com outra letra:
So por milagre.
E tambem em Bogota:
Proletarios de todos os paises, uni-vos!
Embaixo, com outra letra:
(Ultimo aviso.)
A desmemória/1
Estou lendo um romance de Louise Erdrich. A certa altura, um bisavo encontra seu bisneto. O bisavo esta completamente lele (seus pensamentos tem a cor da agua) e sorri com o mesmo beatifico sorriso de seu bisneto recem-nascido. O bisavo e feliz porque perdeu a memoria que tinha. O bisneto e feliz porque nao tem,
ainda, nenhuma memoria.
Eis aqui, penso, a felicidade perfeita. Nao a quero.
Estou lendo um romance de Louise Erdrich. A certa altura, um bisavo encontra seu bisneto. O bisavo esta completamente lele (seus pensamentos tem a cor da agua) e sorri com o mesmo beatifico sorriso de seu bisneto recem-nascido. O bisavo e feliz porque perdeu a memoria que tinha. O bisneto e feliz porque nao tem,
ainda, nenhuma memoria.
Eis aqui, penso, a felicidade perfeita. Nao a quero.
Celebração das contradições/l
Como tragica ladainha a memoria boba se repete. A memoria viva, porem, nasce a cada dia, porque ela vem do que foi e e contra o que foi. Auiheben era o verbo que Hegel preferia, entre todos os verbos do idioma alemao. Auiheben significa, ao mesmo tempo, conservar e anular; e assim presta homenagem a historia humana, que morrendo nasce e rompendo cria.
Celebração das contradições/2
Desamarrar as vozes, dessonhar os sonhos: escrevo querendo revelar o real maravilhoso, e descubro o real maravilhoso no exato centro do real horroroso da America. Nestas terras, a cabeca do deus Eleggua leva a morte na nuca e a vida na cara. Cada promessa e uma ameaca; cada perda, um encontro. Dos medos nascem as coragens; e das duvidas, as certezas. Os sonhos anunciam outra realidade possivel e os delirios, outra razao.
Somos, enfim, o que fazemos para transformar o que somos. A identidade nao e uma peca de museu, quietinha na vitrine, mas a sempre assombrosa sintese das contradicoes nossas de cada dia.
Nessa fe, fugitiva, eu creio. Para mim, e a unica fe digna de confianca, porque e parecida com o bicho humano, fodido mas sagrado, e a louca aventura de viver no mundo.
Desamarrar as vozes, dessonhar os sonhos: escrevo querendo revelar o real maravilhoso, e descubro o real maravilhoso no exato centro do real horroroso da America. Nestas terras, a cabeca do deus Eleggua leva a morte na nuca e a vida na cara. Cada promessa e uma ameaca; cada perda, um encontro. Dos medos nascem as coragens; e das duvidas, as certezas. Os sonhos anunciam outra realidade possivel e os delirios, outra razao.
Somos, enfim, o que fazemos para transformar o que somos. A identidade nao e uma peca de museu, quietinha na vitrine, mas a sempre assombrosa sintese das contradicoes nossas de cada dia.
Nessa fe, fugitiva, eu creio. Para mim, e a unica fe digna de confianca, porque e parecida com o bicho humano, fodido mas sagrado, e a louca aventura de viver no mundo.
Os índios/4
Na ilha de Vancouver, conta Ruth Benedict, os indios celebravam torneios para medir a grandeza dos principes. Os rivais competiam destruindo seus bens. Atiravam ao fogo suas canoas, seu azeite de peixe e suas ovas de salmao; e do alto de um promontorio jogavam no mar suas mantas e vasilhas. Vencia o que se despojava de tudo.
Na ilha de Vancouver, conta Ruth Benedict, os indios celebravam torneios para medir a grandeza dos principes. Os rivais competiam destruindo seus bens. Atiravam ao fogo suas canoas, seu azeite de peixe e suas ovas de salmao; e do alto de um promontorio jogavam no mar suas mantas e vasilhas. Vencia o que se despojava de tudo.
A televisão /4
Rosa Maria Mateo, uma das figuras mais populares da televisao espanhola, me contou essa historia. Uma mulher tinha escrito uma carta para ela, de algum lugarzinho perdido, pedindo que por favor contasse a verdade:
— Quando eu olho para a senhora, a senhora esta olhando para mim?
Rosa Maria me contou, e disse que nao sabia o que responder.
Rosa Maria Mateo, uma das figuras mais populares da televisao espanhola, me contou essa historia. Uma mulher tinha escrito uma carta para ela, de algum lugarzinho perdido, pedindo que por favor contasse a verdade:
— Quando eu olho para a senhora, a senhora esta olhando para mim?
Rosa Maria me contou, e disse que nao sabia o que responder.
segunda-feira, janeiro 12, 2009
terça-feira, dezembro 23, 2008
quinta-feira, setembro 18, 2008
Dialética

Sofro intempéries. O vento alisa palavra a ponto de esculpir pensador. Um sentimento faz neblina na beira dos olhos até pupila tecer arco-íris. Sinal da Antiga Aliança. Noé, uma arca, o dilúvio e a pomba portando esperança. Um flamingo se equilibra intenso no horizonte até o sol se pôr em suas asas. Céu aberto em dois tons, de anil. Tantas estrelas quanto os sinais do teu corpo.Cruzo os dedos. Vênus. Espuma do mar, sangue de Urano.Três Reis Magos. Encontro. Fita do Bonfim, Senhor. Senhor. Ao chão, depois de tanto, de muito. Suspiro. Vermelho. Letras de forma em negrito. Três nós. Papel cartão azul, tinta branca. As frases que aguardei pra te dar. Saturno. Anéis. Teus dedos. Todos os plexos do meu corpo. Linhas da tua mão esquerda tatuadas no meu pé direito. 33. Ômegas. Cristo. Delibero. Sim. Linhas serpenteiam nas palmas de mãos entrelaçadas. Caminhos. Os passos desalinhando estrelas. A cada dois anos, as marcas mudam. Todas. Vês? Rosas, brancos e laranjas. Flamingos. Voos. Já escolhi o destino.
Cecília Braga
'Pouco a pouco, um dia, pude. Apliquei meu coração a isso, vislumbrei entre névoas, em altura longínqua profunda, a minha estrela-da-guarda. Ah, revê-la. lembrou-me algo de maior, imensamente mor - o que podia valer-me. Como surge a esperança? Um ponto, um átimo, um momento. Face a mim, eu. Àquele ponto, agarrei-me, era um mínimo glóbulo de vida, uma promessa imensa. Agarrei-me a ele, que me permitia algum trabalho de consciência. Sofria, de contrair os músculos. Esta esperança me retorna, agora, mais vezes, em certos momentos. É quando me esforço por reunir as células enigmáticas, confiar em que possa, algum dia, conseguir-me a desassombração, levantar o meu desterro. Sofro, mas espero. Antes da experiência, profundamente anímica. Tenho de tresmudar-me. Sofro as asas'.
Páramo, in Estas Estórias, João Guimarães Rosa.
sexta-feira, agosto 22, 2008
quarta-feira, julho 16, 2008
Abreu, Caio Fernando.

'Preciso de alguém, e é tão urgente o que digo. Perdoem excessivas, obscenas carências, pieguices, subjetivismos, mas preciso tanto e tanto. Perdoem a bandeira desfraldada, mas é assim que as coisas são-estão dentro-fora de mim: secas. Tão só nesta hora tardia - eu, patético detrito pós-moderno com resquícios de Werther e farrapos de versos de Jim Morrison, Abaporu heavy-metal -, só sei falar dessas ausências que ressecam as palmas das mãos de carícias não dadas.
Preciso de alguém que tenha ouvidos para ouvir, porque são tantas histórias a contar. Que tenha boca para falar, porque são tantas histórias para ouvir, meu amor. E um grande silêncio desnecessário de palavras. Para ficar ao lado, cúmplice, dividindo o astral, o ritmo, o ver, a libido, a percepção da terra, do ar, do fogo, da água, nesta saudável vontade insana de viver. Preciso de alguém que eu possa estender a mão devagar sobre a mesa para tocar a mão quente do outro lado e sentir uma resposta como - eu estou aqui, eu te toco também. Sou o bicho humano que habita a concha ao lado da concha que você habita, e da qual te salvo, meu amor, apenas porque te estendo a minha mão.
No meio da fome, do comício, da crise, no meio do vírus, da noite e do deserto - preciso de alguém para dividir comigo esta sede. Para olhar seus olhos que não adivinho castanhos nem verdes nem azuis e dizer assim: que longa e áspera sede, meu amor. Que vontade, que vontade enorme de dizer outra vez meu amor, depois de tanto tempo e tanto medo. Que vontade escapista e burra de encontrar noutro olhar que não o meu próprio - tão cansado, tão causado - qualquer coisa vasta e abstrata quanto, digamos assim, um Caminho. Esse, simples mas proibido agora: o de tocar no outro. Querer um futuro só porque você estará lá, meu amor. O caminho de encontrar num outro humano o mais humilde de nós. Então direi da boca luminosa de ilusão: te amo tanto. E te beijarei fundo molhado, em puro engano de instantes enganosos transitórios - que importa?
(Mas finjo de adulto, digo coisas falsamente sábias, faço caras sérias, responsáveis. Engano, mistifico. Disfarço esta sede de ti, meu amor que nunca veio - viria? virá? - e minto não, já não preciso.)
Preciso sim, preciso tanto. Alguém que aceite tanto meus sonos demorados quanto minhas insônias insuportáveis. Tanto meu ciclo ascético Francisco de Assis quanto meu ciclo etílico bukovskiano. Que me desperte com um beijo, abra a janela para o sol ou a penumbra. Tanto faz, e sem dizer nada me diga o tempo inteiro alguma coisa como eu sou o outro ser conjunto ao teu, mas não sou tu, e quero adoçar tua vida. Preciso do teu beijo de mel na minha boca de areia seca, preciso da tua mão de seda no couro da minha mão crispada de solidão. Preciso dessa emoção que os antigos chamavam de amor, quando sexo não era morte e as pessoas não tinham medo disso que fazia a gente dissolver o próprio ego no ego do outro e misturar coxas e espíritos no fundo do outro-você, outro-espelho, outro-igual-sedento-de-não-solidão, bicho-carente, tigre e lótus.
Preciso de você que eu tanto amo e nunca encontrei. Para continuar vivendo, preciso da parte de mim que não está em mim, mas guardada em você que eu não conheço. Tenho urgência de ti, meu amor. Para me salvar da lama movediça de mim mesmo. Para me tocar, para me tocar e no toque me salvar. Preciso ter certeza que inventar nosso encontro sempre foi pura intuição, não mera loucura. Ah, imenso amor desconhecido. Para não morrer de sede, preciso de você agora, antes destas palavras todas caírem no abismo dos jornais não lidos ou jogados sem piedade no lixo. Do sonho, do engano, da possível treva e também da luz, do jogo, do embuste: preciso de você para dizer eu te amo outra e outra vez. Como se fosse possível, como se fosse verdade, como se fosse ontem e amanhã'.
Preciso de alguém que tenha ouvidos para ouvir, porque são tantas histórias a contar. Que tenha boca para falar, porque são tantas histórias para ouvir, meu amor. E um grande silêncio desnecessário de palavras. Para ficar ao lado, cúmplice, dividindo o astral, o ritmo, o ver, a libido, a percepção da terra, do ar, do fogo, da água, nesta saudável vontade insana de viver. Preciso de alguém que eu possa estender a mão devagar sobre a mesa para tocar a mão quente do outro lado e sentir uma resposta como - eu estou aqui, eu te toco também. Sou o bicho humano que habita a concha ao lado da concha que você habita, e da qual te salvo, meu amor, apenas porque te estendo a minha mão.
No meio da fome, do comício, da crise, no meio do vírus, da noite e do deserto - preciso de alguém para dividir comigo esta sede. Para olhar seus olhos que não adivinho castanhos nem verdes nem azuis e dizer assim: que longa e áspera sede, meu amor. Que vontade, que vontade enorme de dizer outra vez meu amor, depois de tanto tempo e tanto medo. Que vontade escapista e burra de encontrar noutro olhar que não o meu próprio - tão cansado, tão causado - qualquer coisa vasta e abstrata quanto, digamos assim, um Caminho. Esse, simples mas proibido agora: o de tocar no outro. Querer um futuro só porque você estará lá, meu amor. O caminho de encontrar num outro humano o mais humilde de nós. Então direi da boca luminosa de ilusão: te amo tanto. E te beijarei fundo molhado, em puro engano de instantes enganosos transitórios - que importa?
(Mas finjo de adulto, digo coisas falsamente sábias, faço caras sérias, responsáveis. Engano, mistifico. Disfarço esta sede de ti, meu amor que nunca veio - viria? virá? - e minto não, já não preciso.)
Preciso sim, preciso tanto. Alguém que aceite tanto meus sonos demorados quanto minhas insônias insuportáveis. Tanto meu ciclo ascético Francisco de Assis quanto meu ciclo etílico bukovskiano. Que me desperte com um beijo, abra a janela para o sol ou a penumbra. Tanto faz, e sem dizer nada me diga o tempo inteiro alguma coisa como eu sou o outro ser conjunto ao teu, mas não sou tu, e quero adoçar tua vida. Preciso do teu beijo de mel na minha boca de areia seca, preciso da tua mão de seda no couro da minha mão crispada de solidão. Preciso dessa emoção que os antigos chamavam de amor, quando sexo não era morte e as pessoas não tinham medo disso que fazia a gente dissolver o próprio ego no ego do outro e misturar coxas e espíritos no fundo do outro-você, outro-espelho, outro-igual-sedento-de-não-solidão, bicho-carente, tigre e lótus.
Preciso de você que eu tanto amo e nunca encontrei. Para continuar vivendo, preciso da parte de mim que não está em mim, mas guardada em você que eu não conheço. Tenho urgência de ti, meu amor. Para me salvar da lama movediça de mim mesmo. Para me tocar, para me tocar e no toque me salvar. Preciso ter certeza que inventar nosso encontro sempre foi pura intuição, não mera loucura. Ah, imenso amor desconhecido. Para não morrer de sede, preciso de você agora, antes destas palavras todas caírem no abismo dos jornais não lidos ou jogados sem piedade no lixo. Do sonho, do engano, da possível treva e também da luz, do jogo, do embuste: preciso de você para dizer eu te amo outra e outra vez. Como se fosse possível, como se fosse verdade, como se fosse ontem e amanhã'.
sexta-feira, julho 11, 2008
Kaos
Nas coisas, o cuidado acentuado do tempo. Carícia de quem sem nunca partir, desusava ficar. Se ela espalma com ardor e pesar os dias, essas lixas em tons tão outonais, na poeira que acentou São Jorge , o Dragão , e três gotas de orvalho, é só para reler nos escombros os vestígios de quem foi sem ter sido. E se busca lugar numa cadeira de ferro verde ferida a ponto de cicatrizar em ferrugens é para se arrastar em terra seca ao capricho do vento no desejo de lugar oportuno para deitar as sementes que ninguém quis plantar. E, depois, sentar escassa. Com o corpo devastado por tantos imperativos, arado por interrogações. Esconder nas chagas uma orquídea branca. Regar com serenos os lençóis, e deixar desabrochar nas mãos algumas estrelas. Irrigar com raios de sol esse azul fundo de mar onde se planta pensamentos obscuros. E escavar com os olhos a arqueologia de seu futuro póstumo, para sentir as estranhas germinarem em verdes e vermelhos, semente , vida. E se erguer, flor-de-lótus, estrela rasgando o véu da escuridão.
Cecília Braga
terça-feira, junho 10, 2008
quinta-feira, maio 15, 2008
Liebestod *
Não te espantes. Em dias assim, ela costuma encostar o pensamento nos joelhos. Só para sentir a razão vacilar. Se corpo insistir tremer em um verso, ela estende as mãos sobre a Liturgia das horas. Até que um suspiro faça o passar do tempo alojado nas páginas dos dias ser solúvel em raios de sol. Dessa maneira que ela tem de abrir as persianas de um quarto fechado, adiado no desejo de estar, e assistir a poeira dançar em frestas de sol. Quando a lembrança lhe invade os olhos feito cisco, ergue os dedos calejados de bordar desculpas. E faz malabares com raios e trovões, só para ter nas mãos luz e som que esbravejam. Colhe das tempestades. Deixa o medo sombrear o gesto, e ele ganha intensidade. Tem esse grito emperdenido lhe arranhando a voz. Sua prece é vermelha. Quando fica louca, esculpe palavras. Fecha as mãos como quem luta, simula um coração batendo. Lembra que nos átrios habita um vazio, essa possibilidade de fazer tudo circular. Campos de gramas azuis, um lírio vermelho. Senta na estrela d'alva. O céu ela encosta na terra enquanto desenha a palavra sacra de Tagore, e a terra cede suave ao redor de si: abre-se ao passar dos dedos, mar Vermelho na presença de Moisés. E o pensamento desliza na paz de quem se inscreve com brasas no livro da vida. Na nudez dos pés enxerga os descaminhos. Quando não lhe resta razões, caminha. Nunca conseguiu dar norma aos passos. Os sentimentos flamejam nos olhos, um acobrear do castanho. Se olhares bem, vais te surpreender no não-tempo, e verás que algumas mulheres ainda ardem nas fogueiras. Dançam em florestas fechadas. Trazem a primavera na boca. E o outono estampado nas unhas. A alma entrelaçada no universo. No falar, música das esferas. Não te espantes. Sentada ela tece um casulo. E pinta o corpo para a guerra. Há sempre um labor na espera. Deixa o cume da montanha encontrar o rio, só para mudar o curso das águas. Descobriu uma escuridão nos olhos da coruja. Rasga a barra das saias, desfia o enredo. Ela quer a palavra- fruta-madura. Sua escrita é esse descascar com unhas e dentes essa linguagem amarelo-manga, até que a polpa lhe escorra pelos cantos da boca. Sumo e Suco. E a semente lhe reste nas mãos. Essa paz, ela entrega quando escreve. Não te espantes. Fecunda-ação. Só se pontua no gozo o suspiro da palavra-sêmem.
Cecília Braga
Do que ela escreveu no chão, Deus tirando vida do barro: Se não falas,
Se não falas, vou encher o meu coração
Com o teu silêncio, e agüentá-lo.
Ficarei quieto, esperando, como a noite.
Em sua vigília estrelada,
Com a cabeça pacientemente inclinada.
A manhã certamente virá,
A manhã certamente virá,
A escuridão se dissipará, e a tua voz
Se derramará em torrentes douradas por todo o céu.
Então as tuas palavras voarão
Então as tuas palavras voarão
Em canções de cada ninho dos meus pássaros,
E as tuas melodias brotarão
Em flores por todos os recantos da minha floresta.
Rabindranath Tagore
* "Liebestod"- da Ópera Tristão e Isolda de Richard Wagner.
quinta-feira, maio 08, 2008
A Literatura e a Vida, por Gilles Deleuze.
Decerto que escrever não é impor uma forma (de expressão) a uma matéria, a do vivido. A literatura tem que ver, em contrapartida, com o informe, com o inacabado, como disse Gombrowicz e como o fez. Escrever é uma questão de devir, sempre inacabado, sempre a fazer-se, que extravaza toda a matéria vivível ou vivida. É um processo, quer dizer, uma passagem de Vida que atravessa o vivível e o vivido. A escrita é inseparável do devir: ao escrevermos, devimos-mulher, devimos-animal ou vegetal, devimos-molécula até devir-imperceptível. Estes devires encadeiam-se uns com os outros segundo uma linha particular, como num romance de Le Clézio, ou então coexistem em todos os níveis, por intermédio de portas, entradas e zonas que compõem o universo inteiro, como na poderosa obra de Lovecraft. O devir não vai noutro sentido: não devimos Homem, mesmo que o homem se apresente como uma forma de expressão dominante que pretenda impor-se a toda a matéria; ao passo que mulher, animal ou molécula têm uma componente de fuga que se descarta à sua própria formalização. A vergonha de se ser um homem: haverá melhor razão de escrever? Mesmo quando é uma mulher que devém, ela tem de devir-mulher, e este devir nada tem que ver com um estado de qual poderia vir a reclamar-se. Devir não é atingir uma forma (identificação, imitação, Mimésis), mas é encontrar a zona de vizinhança, de indiscernibilidade ou de indiferenciação, de maneira que já não nos podemos distinguir de uma mulher, de um animal ou de uma molécula: e que não são nem imprecisos nem gerais, mas imprevistos, não-preexistentes, tanto menos determinados numa forma quanto mais singularizados numa população. Pode-se instaurar uma zona de vizinhança com qualquer coisa, com a condição de que se criem os meios literários para isso, como com o áster, segundo André Dhôtel. Entre os sexos, os gêneros ou os reinos, qualquer coisa passa 2.O devir é sempre “entre” ou “dentre”: mulher entre as mulheres, ou animal dentre outros animais. Mas o artigo indefinido não efectua a sua potência a não ser que o termo que ele faz devir seja, ele próprio, desapossado dos caracteres formais que fazem dizer o, a (“o animal que aqui está”). Quando Le Clézio devém-índio, é um índio inacabado esse, que não sabe “cultivar milho nem talhar uma piroga”: em vez de adquirir características formais, entra numa zona de vizinhança 3. Do mesmo modo Kafka, o campeão de natação que não sabia nadar. Toda a escrita comporta um atletismo, mas não tem nada que ver com uma reconciliação da literatura com o desporto, ou com o fazer da escrita um jogo olímpico - este atletismo exerce-se na fuga e no eclipse orgânicos: um desportista na cama, dizia Michaux. Devimos tanto mais animal quanto o animal morre; e, contrariamente a um preconceito espiritualista, quem sabe morrer é o animal, é o animal que tem o sentido disso ou o pressentimento. A literatura começa com a morte do porco-espinho, segundo Lawrence, ou a morte da toupeira, segundo Kafka: “as nossas pobres pequenas patinhas vermelhas estendidas num gesto de terna piedade”. Escreve-se para os bezerros que morrem, dizia Moritz4. A língua deve atingir desvios femininos, animais, moleculares, e todo o desvio é um devir mortal. Não há linha recta, nem nas coisas nem na linguagem. A sintaxe é o conjunto dos desvios necessários, criados, de cada vez, para revelar a vida nas coisas. Escrever não é narrar as recordações, as viagens, os amores e o luto, os sonhos e os fantasmas. É o mesmo pecar por excesso de realidade ou de imaginação: nos dois casos é o eterno papá-mamã, estrutura edipiana que projetamos no real ou que injetamos no imaginário. Trata-se de um pai que se vai buscar no fim da viagem, no seio de um sonho, numa concepção infantil da literatura. Escreve-se para o seu pai-mãe. Marthe Robert levou até ao fim esta infantilização, esta psicanalização da literatura, não deixando outra escolha ao escritor senão entre Bastardo ou Filho reencontrado 5. Mesmo o devir-animal não está ao abrigo de uma redução edipiana, do género “o meu gato, o meu cão”. Como diz Lawrence, “se eu sou uma girafa e os ingleses vulgares que escrevem sobre mim são cães bem educados, aí está, os animais são diferentes, detestais instintivamente o animal que sou”6. Regra geral, os fantasmas não tratam o indefinido a não ser como máscara de um pronome pessoal ou de um possessivo: “uma criança apanhou” transforma-se depressa em “o meu pai me bateu”. Mas a literatura segue a via inversa, e só se levanta quando descobre sob as pessoas aparentes a potência de um impessoal que de modo nenhum é uma tomado num devir-mulher, depois num devir-rato, depois num devir-imperceptível em que se apaga. Generalidade, mas uma singularidade ao mais alto nível: um homem, uma mulher, um animal, um ventre, uma criança.
Não são as duas primeiras pessoas que servem de condição à enunciação literária; a literatura só começa quando nasce em nós uma terceira pessoa que nos retira o poder de dizer Eu (o “neutro” de Blanchot) 7. Claro, as personagens literárias são perfeitamente individuadas, e não são nem vagas nem gerais; mas todos os seus traços individuais elevam-nas a uma visão que as transporta para um indefinido, como um devir demasiado poderoso para elas: Achab e a visão de Moby Dick. O Avarento não é um tipo, mas, pelo contrário, os seus traços individuais (amar uma rapariga, etc.) fazem com que aceda a uma visão, ele vê o ouro, de tal maneira que se põe em fuga numa linha de feiticeira na qual adquire a potência do indefinido — um avarento… de ouro, cada vez mais ouro… Não há literatura sem fabulação, mas, como Bergson o soube ver, a fabulação, a função fabuladora, não consiste em imaginar nem em projectar um eu. Contrariamente a isso, ela atinge essas visões, eleva-se até esses devires ou potências. Não se escreve com as neuroses. A neurose, a psicose, não são passagens de vida, mas estados nos quais se cai quando o processo se interrompe, quando está impedido, preenchido. A doença não é processo, mas paragem do processo, como no “caso Nietzsche”. E também o escritor como tal não é doente, mas médico, médico de si próprio e do mundo. O mundo é o conjunto dos sintomas cuja doença se confunde com o homem.
A literatura surge então como uma tarefa de saúde: não que o escritor tenha forçosamente uma grande saúde (haveria aqui a mesma ambiguidade que no atletismo), mas usufrui de uma irresistível pequena saúde que vem daquilo que viu e escutou, das coisas demasiado grandes para ele, demasiado fortes para ele, irrespiráveis, cuja passagem o esgota, e que lhe dá, no entanto, devires que uma grande saúde dominante tornaria impossíveis 8. Do que viu, do que escutou, o escritor regressa com os olhos vermelhos, os tímpanos furados. Qual a saúde que seria suficiente para libertar a vida em todo o lado onde ela está presa, pelo homem e no homem? É a pequena saúde de Espinosa, enquanto dura, sendo até ao fim testemunha de uma nova visão, que se abre à sua passagem. A saúde como literatura, como escrita, consiste em inventar um povo que falta. Pertence à função fabuladora inventar um povo. Não se escreve com as recordações, a menos que se faça delas a origem ou o destino colectivos de um povo a vir ainda emerso nas suas traições e abjurações. A literatura americana tem esse poder excepcional de produzir escritores que podem narrar as suas próprias recordações, mas como recordações de um povo universal composto pelos emigrantes de todos os países. Thomas Wolf “deita por escrito toda a América, na medida em que ela se pode encontrar na experiência de um só homem” 9. Precisamente, não é um povo chamado a dominar o mundo. É um povo menor, eternamente menor, absorvido num devir-revolucionário. Talvez ele não exista senão nos átomos do escritor, povo bastardo, inferior, dominado, sempre em devir, sempre inacabado. Bastardo não designa já um estado familiar, mas o processo ou a deriva das raças. Eu sou uma besta, um negro de raça inferior para toda a eternidade. É o devir do escritor. Kafka para a Europa central, Melville para a América, apresentam a literatura como enunciação colectiva de um povo menor, ou de todos os povos menores, que, por intermédio do escritor e nele próprio, encontram a sua expressão 10.
Ainda que reenvie sempre para agentes singulares, a literatura é agenciamento colectivo de enunciação. A literatura é delírio, mas o delírio não é um assunto de pai-mãe: não há delírio que não passe pelos povos, pelas raças e as tribos, e que não habite a história universal. Todo o delírio é históricomundial, “deslocamento das raças e dos continentes”. A literatura é delírio, e nisto joga o seu destino entre os dois pólos do delírio. O delírio é uma doença, a doença por excelência, quando erige uma raça que se pretende pura e dominante. Mas ele é a medida da saúde quando invoca essa raça bastarda oprimida, que não pára de se agitar sob as dominações, de resistir a tudo o que esmaga e aprisiona, e de se esboçar enquanto fundo na literatura como processo. Ainda aí, há um estado doentio que pode sempre interromper o processo ou o devir; e encontramos a mesma ambiguidade da saúde e do atletismo, o risco constante que um delírio de domínio se misture com o devir bastardo, e arraste a literatura para um fascismo larvar, a doença contra a qual ela luta, até que a diagnostique nela própria e lute contra ela própria. Fim último da literatura, distinguir no delírio essa criação de uma saúde, ou essa invenção de um povo, quer dizer, uma possibilidade de vida. Escrever para esse povo que falta (“para” significa menos “no lugar de” do que “na intenção de”). O que a literatura faz na língua surge agora melhor: como diz Proust, aquela traça nesta uma espécie de língua estrangeira, que não é outra língua, nem um patois reencontrado, mas um devir-outro da língua, uma minoração dessa língua maior, um delírio que a transporta, uma linha de feiticeira que se escapa do sistema dominante. Kafka fazia dizer ao campeão de natação: eu falo a mesma língua que vós, e porém não percebo 7uma palavra daquilo que dizeis. Criação sintáctica, estilo, é este o devir dalíngua: não há criação de palavras, não há neologismos que tenham valorfora dos efeitos de sintaxe em que se desenvolvem.
A literatura apresentadois aspectos, na medida em que ela opera uma decomposição ou umadestruição da língua materna, mas também opera a invenção de uma novalíngua na língua, por criação de sintaxe. “A única maneira de defender alíngua é atacá-la. Cada escritor é obrigado a fazer a sua língua” 11. Dir-se-iaque a língua está tomada por um delírio, que a faz precisamente sair dosseus próprios sulcos. Quanto ao terceiro aspecto, reside em que uma línguaestrangeira não é sulcada na própria língua sem que toda a linguagem, porsua vez, oscile, sem que seja levada a um limite, a um lado de fora ou a umavesso consistindo em Visões e Audições que já não pertencem a nenhumalíngua. Estas visões não são fantasmas, mas verdadeiras Ideias que oescritor vê e escuta nos interstícios da linguagem, nos hiatos de linguagem.Não são interrupções do processo, mas paragens que fazem parte dele,como uma eternidade que não pode ser revelada a não ser no devir, umapaisagem que não aparece a não ser no movimento. Não estão fora dalinguagem, elas são o seu lado de fora. O escritor enquanto vidente eouvinte, objectivo da literatura: é a passagem da vida na linguagem queconstitui as Ideias. São estes os três aspectos que em Artaud estão perpetuamente emmovimento: a queda das letras na decomposição da linguagem maternal(R,T); a sua retomada numa nova sintaxe ou em novos nomes de alcancesintáctico, criadores de uma língua (“eTReTé”12); as palavras-soprofinalmente, limite assintáctico para onde tende toda a linguagem. E Céline,não podemos impedir-nos de o dizer, tão sumário o sentimos: a Viagem ou a decomposição da língua maternal; Morte a Crédito e a nova sintaxe como uma língua na língua; Guignol's Band e as exclamações suspensas como limite da linguagem, visões e sonoridades explosivas. Para escrever, talvez seja necessário que a língua materna seja odiosa, mas de maneira tal que uma criação sintáctica trace aí uma espécie de língua estrangeira, e que a linguagem toda inteira revele o seu lado de fora, para além de toda a sintaxe. Acontece que se felicita um escritor, mas ele sabe que está longe de atingir o limite que se propôs e que não pára de se deslocar, que está muito longe de ter acabado o seu devir. Escrever é também devir outra coisa diferente de um escritor.
Àqueles que lhe perguntam em que é que consiste a escrita, Virgínia Wolf responde: quem é que vos fala em escrever? O escritor não fala disso, está preocupado com outra coisa. Considerando estes critérios, vemos que, de entre todos aqueles que fazem livros com intenção literária, mesmo entre os loucos, muito poucos podem dizer-se escritores.
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11 Cf. André Dhôtel, Terres de mémoire, Ed. Universitaires (sobre um devir-áster,em La Chronique fabuleuse, p.225).12 Como no original. [n.d.t.]
10 Cf. as reflexões de Kafka sobre as literaturas ditas menores, Journal, Livre de poche, p.179-182; e as de Melville sobre a literatura americana, D'où viens-tu, Hawthorne?, Gallimard, p.237-240.
8 Sobre a literatura enquanto assunto de saúde, mas para aqueles que não a têm ou que têm uma saúde frágil, cf. Michaux, posfácio a “Mes propriétés”, in La nuit remue, Gallimard. E Le Clézio, Haï, p.7: “Um dia, saberemos talvez que não havia arte, mas apenas medicina.”
9 André Bay, prefácio a Thomas Wolfe, De la mort au matin, Stock.
7 Blanchot, La part du feu, Gallimard, p.29-30, e L'entretien infini, p.563-564: “Qualquer coisa lhes acontece (aos personagens) donde não podem sair a não ser desapossando-se do seu poder de dizer Eu.” A literatura parece aqui desmentir a concepção linguística, que encontra a condição da enunciação nos “embrayeurs”, nomeadamente nas duas primeira pessoas.
4 Cf. J.-C. Bailly, La légende dispersée, anthologie du romantisme allemand, 10-18, p.38.
5 Marthe Robert, Roman des origines et origines du roman, Grasset.
6 Lawrence, Lettres choisies, Plon, II, p.237.
2 Cf. André Dhôtel, Terres de mémoire, Ed. Universitaires (sobre um devir-áster em La Chronique fabuleuse, p.225).
3 Le Clézio, Haï, Flammarion, p.5. No seu primeiro romance, Le procès-verbal, Folio-Gallimard, Le Clézio apresentava de maneira quase exemplar um personagem.
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Fonte: Deleuze, Gilles. “La Litérature et la Vie”, Critique et Clinique, Minuit, Paris, 1993, pp. 11-17.









